Abuelos y nietos se encontraban impacientes esperando a un tren, en la estación de la alegría. Era un día del mes de marzo, del año veinte de nuestra Era, el alba estaba llegando a su fin que se disipaba con los nítidos rayos de un sol naciente. En el horizonte se divisaban arreboles, en el amanecer de un nuevo día, un augurio de lluvias en un apacible y cálido invierno.
Era un bello bosque con una frondosa y exuberante vegetación, variedades de pinos, robles y arbustos como: helechos, jaras y juncos. El aire estaba cargado de aromas de romero, lavanda, cantueso, orégano que emitían diversas fragancias y alegraban los sentidos. Impactante colorido y espectacular variación de tonos, verdosos, contrastes de claros y oscuros, de luces y contraluces. Olores y colores competían exhibiéndose ante nosotros. Comenzaba a florecer el saúco.
Desde una atalaya cercana, se visualizaba el florido paisaje del valle, al fondo se perfilaba con nitidez la silueta de la cordillera. En un horizonte cercano, un milano volaba describiendo bellos círculos en busca de su presa. Se sentía el resurgir de la vida en los fértiles valles del sur de Gredos. Así era el inicio de la primavera en un país alegre y confiado.
Un viaje al fértil valle.
Teníamos un gran plan preparado con esmero. Comenzamos de mañana muy temprano con destino a la montaña, para disfrutar de una bonita jornada, recorriendo las laderas del valle. Todo prometía ser idílico, divertido y sobre todo educativo.
Después de una corta caminata llegamos a un pequeño y ruidoso riacho, que fluía presto y vertiginoso desde su nacimiento allende las cumbres, el sonido del agua se escuchaba en cada paso que nos aproximaba al río. Teníamos un ilusionante objetivo y la esperanza latente de convivir con la naturaleza. Con nuestros conocimientos y medios, pretendíamos recoger arbustos silvestres, trasplantarlos y ayudarles a crecer y multiplicarse.
En el recorrido avistábamos animales distintos: pájaros volando por el cielo, ovejas pastando en los prados, vacas que mugen y caballos que corrían, a su libre albedrio. Todo el conjunto en perfecta armonía con la compleja sencillez y la inmensa belleza de los parajes naturales.
Terminó un día redondo y feliz, el grupo de abuelos y niños bien pertrechados con sus herramientas, cubos, palas, una azadilla y algunas bolsas, recogieron todo tipo de arbustos, amapolas, margaritas, cantuesos, romero y orégano. Se palpaba alegría en el ambiente. ?Conseguimos replantar todo lo recogido?. Orgullosos de nuestro trabajo en equipo y con la promesa de cuidarlo, para seguir observando paso a paso su desarrollo. Las previsiones de abundantes lluvias primaverales facilitarían el crecimiento. El agua fuente de vida es elemento esencial, es el alimento para el crecimiento de los vegetales.
Todo irá bien pensábamos. Los nietos son felices, observan disfrutan y aprenden.
Nuestro siguiente objetivo sería plantar en nuestra pequeña parcela un huerto ecológico, con el fin de comprender los ciclos y la evolución de hortalizas y verduras. Una forma real para enseñanza, diversión y deleitarse de los niños. Después tendríamos que seguir cuidando y vigilando hasta finalmente, recoger los frutos de la futura cosecha.
Ilusión y esperanza para todos, pronto veremos los resultados deseados.
Llegó lo inesperado.
Pero la súbita aparición de un bicho extraño, un microorganismo no esperado, se tornó rápidamente en algo tan inesperado como dramático. Pronto el mundo se conmocionó, el cielo se transformó, algunas nubes oscuras despuntaban amenazantes por el horizonte. Llego al anochecer, sin avisar y se alojó entre nosotros, cumpliendo su maligno y amenazante propósito. Un estado de alarma general nos agobio durante días.
A punto de terminar el invierno, esperando a la floreciente primavera, en un mundo feliz se presentó sin avisar el virus de nuestras desgracias, poco a poco se transformó en una tempestad que arrebató nuestra tranquilidad.
La mano negra del destino auguraba tiempos sombríos, aunque nada hacía presagiar tales sucesos. La palabra miedo se instaló entre nosotros porque el miedo es el mayor de los muros, una pequeña porción de miedo es capaz de anular cualquier acción positiva. Luz y oscuridad se alternan en estos momentos confusos y trágicos de la pandemia.
Incertidumbre general no hay nadie que lo sepa todo. Quedaron nuestras ilusiones desvanecidas y aplazados sine die nuestros deseos. Forzados por las circunstancias le dimos un plantón, a las plantas y allí se quedaron, plantadas sin cuidados, al albur y capricho de los elementos de la naturaleza.
Confinados.
Ya confinados en nuestras casas, emergía una nueva forma de comunicación, que nos posibilitaba mantener los vínculos, una relación virtual necesaria, que ofrecen las nuevas tecnologías a nuestro alcance: teléfono, videoconferencia, whatsapp y diversos artilugios. En esta situación nuestros niños estaban encerrados, desesperados, anhelando una pelota o un patinete. Sólo la televisión aliviaba en parte, la intensa actividad de los pequeños. Había que rellenar horas y horas de confinamiento con resignación, hasta llegar al hartazgo.
Nuevos tiempos, nuevos retos, nuevas palabras resonaban en el vocabulario: coronavirus, confinamiento, desescalada, doblegar la curva, seroprevalencia.
Todo irá bien se decía. Este Covid-19 lo paramos todos. Saldremos de esta, todos unidos seremos más fuertes.
Con el encierro llegó el aburrimiento, que a veces es el alimento de la imaginación y activa el ingenio, a la espera de que el genio surja, para encerrarlo en la botella, si ello es viable, porque la mente es libre campa a sus anchas y todo lo hace posible. Mientras, el destino destila su magia, asumimos y resistimos, somos pacientes, la paciencia es amarga pero a veces sus frutos son dulces.
Frustración.
Lamentablemente en los niños también hubo frustración, el virus consiguió malograr, la segunda parte de nuestro ambicioso proyecto de huerto ecológico, no hubo siembra de hortalizas, todo quedó en nuestro pensamiento. En poco tiempo los arbustos que plantamos acabaron secándose. DESILUSIÓN .
La esperanza tiene que ser más poderosa que el miedo y a resistir, porque después de la tempestad los elementos quedan tranquilos, en calma. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, debe ser verdad. Dicen que se aloja en algún lugar, allá a lo alto, sobre el arcoíris. Habrá que ir a buscarla.
Había mucha incertidumbre, todo parecía un sueño muy lejano, pero los niños se alimentan de sueños, de ilusiones, son optimistas.
Un nuevo paraíso.
Al fin un día todo acabó, se instaló la normalidad en nuestro mundo. Apareció una copiosa y esperada lluvia, en el horizonte se dibujó el arcoíris, resurgió la primavera, nuevos árboles y flores retoñaron otra vez, regresó la alegría y de nuevo nació entre nosotros la ilusión, la esperanza, el entusiasmo.
La ambición ha marcado y desafortunadamente marcará los destinos de la humanidad. El hombre no aprende fácilmente, ni se arrepiente de sus acciones. Los espíritus fuertes deben sobreponerse ante las adversidades, luz, perseverancia y ánimo para que NO triunfen las sombras.
Hay momentos en la vida, que los acontecimientos obligan a las personas, a poner orden en su conciencia. Estamos actuando de forma irresponsable, agrediendo a la naturaleza, quebrantando sus reglas, la tierra se siente malherida, por los daños, que los humanos la infringimos. Llegó la hora de reflexionar, para que estos desastres nos sirvan como detonante, es necesario hacer cambios radicales, en nuestras relaciones con el mundo y nuestras conductas personales. Tenemos que cuidar del trocito de universo en el que habitamos.
En tiempos de crisis es de inteligentes buscar soluciones, aunque los incompetentes posiblemente se dediquen a encontrar culpables.
Debemos tener confianza en nosotros, azuzar la imaginación y trabajar por un futuro próspero, para nuestros hijos y nietos, fomentando un nuevo orden de relaciones más coherentes y sostenibles de nuestra especie con la madre naturaleza. Todos lucharemos con el empeño y la confianza de encontrar un nuevo paraíso, porque llegará una nueva primavera. Quizás la esperanza se instaló en algún lugar cerca de nuestro anhelado huerto.
La naturaleza sigue su curso, nuevos ciclos de vida nos esperan, resurgirá el esplendor en la hierba, la gloria en las flores se mostrará de nuevo.
Cada niño es una oportunidad para un nuevo mundo.
Todo irá bien, cambiaremos mucho y al final sabremos lo bello que es vivir.
Vivimos en un país alegre y confiado.
Ilusión y esperanza.
Nota.- Relato inspirado en el Covid 19, donde se describe aquello que pudo haber sido y no fue y se pronostica y alienta la esperanza en los niños y en un futuro mejor.
Crispín, Febrero 2021.